Conceptualización, conforme al inglés

Delimitar el significado de los conceptos que se emplean en los escritos científicos resulta de suma importancia para evitar interpretaciones a discreción; es decir, en cualquier artículo riguroso que se precie, se habrán de definir, mejor desde el primer momento, las entidades que en él cobran relevancia.

A esto me ha recordado la tercera inquietud lingüística que Fernando A. Navarro publicó ayer en su espacio de Diario Médico. La inquietud es la de un polímata Ramón y Cajal que se preocupaba por los derroteros de nuestra lengua y abogaba por la necesidad de delimitar, en este caso, las dos acepciones para las que utilizamos la palabra sueño, pues es el sueño el acto de dormir y, al mismo tiempo, el de soñar. Poco rigor, de hecho, para el lenguaje científico.

No, no es este el único ejemplo de vocablo polisémico que bien podría deshacerse de uno de sus significados para prestarlo a otra voz, igualmente válida en nuestro idioma. Pienso en la soledad, en el hecho de estar solo por elección propia o por causas ajenas a la propia voluntad.

En una sociedad hiperconectada, donde la hipersocialización —presencial o en línea— han desplazado a la conversación interior, cabe reivindicar que la soledad no es solo algo dañino de lo que indefectiblemente haya que huir. Con el objetivo de diferenciarla del sentimiento de abandono y aislamiento que sí produce su acepción más hostil, quizás podríamos recuperar el vocablo en desuso «solitud», también recogido por nuestra Academia de la Lengua en su diccionario.

La soledad, como hemos indicado, viene acompañada de un sentimiento de exclusión y desamparo; la solitud, por su parte, sería la puerta hacia el autoconocimiento a través del diálogo con uno mismo, con sus pensamientos, en un entorno en el que no se ha de gustar ni contentar a nadie y se puede obrar y pensar con absoluta sinceridad.

Sería la solitud la ausencia voluntaria de compañía y la soledad todo lo contrario. La solitud traería consigo la expansión de los límites de la persona y la soledad los estrecharía. Serían, en sentido conceptual, antónimos absolutos.

Teniendo en cuenta que no siempre se tiene la oportunidad de extrapolar del inglés una característica que contribuya a la opulencia y expresividad de nuestra lengua en lugar de socavarlas, ¿no habrá una autoridad por aquí que tenga ganas de aprovecharlo? Es, en efecto, «solitud» la solitude inglesa y algo muy distinto lo que expresa loneliness, la soledad.

Soy Isabel Martos,
coach y traductora.

Tengo una lista de correo y envío una misiva todos los días.
Dicen que te hacen pensar.

Desde luego, con ellas aprendes en 3 minutos a escribir para vender y a cambiar tu mentalidad para triunfar.

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