De acuerdo con el físico y filósofo Erwin Schrödinger, los sistemas, conforme aumentan, más susceptibilidad al caos presentan y más tienden a la entropía. Algo parecido es lo que ocurre con el universo del lenguaje científico-médico, en expansión constante. A pesar de que la tradición lo define como un lenguaje objetivo, claro, preciso y unívoco, basta con echar un vistazo al trabajo de los que nos dedicamos a él para poder demostrar lo contrario. Lacónica prueba de ello: las estructuras anatómicas bartolinas.
Tres generaciones de Bartolinos
Gaspar Bartolino el Viejo; su hijo, Tomás Bartolino, y el nieto del primero, Gaspar Bartolino el Joven, conforman una estirpe de médicos daneses que, durante los siglos XVI y XVll, realizaron contribuciones importantes a los tratados de anatomía. Entre las aportaciones anatómicas que se les atribuyen se encuentran dos conductos de muy distinta ubicación pero misma denominación.
Las estructuras bartolinas
El primero es el conducto sublingual de Bartolino1. Este conducto, en determinados contextos, puede verse privado del adjetivo especificativo y llamarse simplemente ‘conducto de Bartolino’ [Bartholin´s duct]. Asimismo, también recibe el nombre de ‘conducto sublingual mayor’ [major sublingual duct] o incluso de ‘conducto de Rivino’ [Rivinus’s duct]. El conducto sublingual de Bartolino drena la secreción de la glándula salival sublingual.
El segundo es también un conducto excretor, situado, empero, en la región más inferior del tronco femenino. Se trata del conducto de Bartolino que secreta el moco lubricante de la glándula de Bartolino o –haciendo gala el lenguaje médico, una vez más, de su riqueza– de la glándula vestibular mayor [Bartholin´s gland / major vestibular gland]. Estas glándulas se encuentran localizadas a ambos lados del introito de la vagina y son de una importancia extrema, pues, sin ellas, probablemente, la raza humana no habría llegado aquí con tanta facilidad. En ocasiones, este conducto de Bartolino se obstruye por la acumulación de moco, lo que puede dar lugar al llamado ‘quiste de Bartolino’ [Bartholin´s cyst] o a una ‘bartolinitis’ [bartholinitis]. Con menor frecuencia, la bartolinitis puede deberse a una infección.

Conclusión
Vemos aquí, por tanto, ejemplos irrefutables de la entropía del lenguaje médico, que ni claro ni unívoco, pero asaz rico y apasionante.
1 Por si el rizo no estuviese lo suficientemente rizado, en todos los ejemplos, en lugar de Bartolino, puede encontrarse la grafía Bartholin.
